Nada más despertar me he ido a caminar durante 20 minutos. Por ese lado no tengo problema, puesto que camino al día unas dos horas de media desde hace bastantes años. Luego, al llegar, me he ido directa a la báscula: ¡700 gramos menos que ayer! Y os aseguro que he comido más de lo que normalmente comía.

Ayer me zampé dos capuchinos desnatados grandes, 10 yogures, dos huevos duros, unos 300 gramos de queso fresco y la cucharada y media de salvado de avena. He de recordar que soy ovolactovegetariana desde hace unos diez años y que jamás como ningún tipo de animal.

Primero probé la avena con uno de los capuchinos y la verdad es que no me gustó nada. Luego, sin embargo, opté por echar una cucharadita en el yogur y así sí que me resultó bastante buena. De este modo me recuerda al sabor del muesli y me la tomo sin problema alguno.

No tengo hambre, la verdad. Pero sí que se me van los ojos hacia las tostadas de pan y la fruta. Supongo que con el paso de los días me iré acostumbrando, pero tengo muchas ganas de que llegue el lunes próximo y poder comer verduras...¡Tomates! Sueño despierta con una ensalada de tomates y dados de queso fresco.

Me han dado una tarjeta de puntos en la tienda de dietética donde fui a comprar la avena y el cacao desgrasado para la fase crucero. Sin embargo sólo tenían cacao desgrasado al 50% y no creo que me valga. He de informarme más y mejor con respecto al tema del cacao. Fue muy gracioso porque entré a la tienda, saludé a la dependienta y le pregunté por la avena y el cacao y me dijo: "estás con la dieta Dukan, ¿no?". Hablamos un ratito y me comentó que si era disciplinada bajaría mucho peso y en un tiempo razonable.

Lo peor de todo es que siento mucha acidez de estómago. Cosa que antes me quitaba comiéndome una simple manzana, pero fruta no voy a poder comer en unos meses y no sé si está permitida la sal de frutas. Tengo que investigar sobre esto también.

Me tocó la hora del desayuno: ¡a por mi capuchino y mis dos yogures desnatados!